La nota científica dice, que una pulga hembra, por día chupa la sangre de animales y humanos en una proporción de 15 veces a su peso, es además una gran saltadora, pues puede elevarse un metro del suelo, que comparando con una persona significaría que esa persona saltaría la altura de un edificio de 50 pisos.
Las pulgas no tienen lugar fijo de residencia, caminan de casa en casa transportados por los animales domésticos o por las mismas personas. Cuando están en plan de noviazgo y casamiento empieza el problema para la humanidad, porque una pulga hembra conoce sexo tan solamente una vez en toda su vida, almacenando el sémen de la pulga macho en cantidad suficiente para fecundar 27 huevos que deposita diariamente en el piso y en los resquicios de las habitaciones. La pulga hembra tiene una edad fértil de 3 meses en que diariamente pone huevos. Estos insectos malosos chupasangres, son a veces resistentes a los insecticidas.
Para evitar la propagación de las pulgas, los científicos han descubierto una píldora anticonceptiva que es administrada en el mismo piso o en el cuerpo de los animales domésticos. Las pulgas que prueben la píldora que es un manjar para ellas, están condenadas a no tener descendencia, porque las huevos de pulgas que han probado el anticonceptivo, son tan débiles que no alcanzan a perforar la cáscara del huevo, muriendo irremediablemente, mientras que las larvas de pulgas que no han sido administrados con anticonceptivos son tan fuertes que con suma facilidad rompen la cáscara de los huevos y al salir de inmediato buscan chupar sangre como los vampiros, pues nacen completamente hambrientas y lógicamente que tienen que agarrar a sus víctimas apenas salen de sus capullos.
Lindo sería que esas píldoras anticonceptivas para pulgas llegue a nuestro abancaycito, donde este humilde pecho calcula profanamente, está la quinta parte de la población mundial de pulgas. Este cálculo lo hago tomando en consideración que efectivamente Abancay es la tierra de las pulgas, de aquí que nuestra chapa es de «piqui - siquis» o «piqui chaquis».
Hace muchos años cuando funcionaban los cinemas en Abancay, en particular el NILO, era un calvario para los cinéfilos, quienes para no sufrir el ataque de las pulgas tenían que ir amarrando los calcetines a la bota del pantalón, para que los chupasangres no puedan ingresar, sin embargo al llegar a casa siempre habían varios de ellos mojando la pita,... perdón, chupando la sangre. En las damas era otro espectáculo, pues durante toda la proyección de la película se rascaban primeramente las pantortillas, después las rodillas, después los muslos, después.... ustedes ya la aguaytan.
Convendría que las cucufatas criollas y adineradas, donen parte de su dinero a la municipalidad provincial para la adquisición de esos anticonceptivos y de esta manera ya no habrían pulgas en nuestra tierra. Si así lo hacen, con toda seguridad que llegarán al cielo sin escalas, evitando golpearse el pecho mil veces y dándole 100 vueltas al santo rosario con puro padrenuestros, avemarías y yo pecadores.
